
Pides presupuesto para tu casa en Daimiel o en un piso de la capital y recibes tres cifras de ahorro que no se parecen entre sí. Antes de pensar que una máquina es mágica y las otras mediocres, mira los papeles: casi siempre la diferencia viene de cómo ha calculado cada instalador el punto de partida. No es lo mismo estimar el gasto contando los metros cuadrados construidos —incluyendo esa cueva excavada bajo Tomelloso o la cámara del pueblo que nunca calientas— que partir del consumo real de tus bombonas de butano o de los albaranes de gasóleo.
También cambia todo según el precio de la energía que usen. Algunos aplican el kilovatio hora más barato de las horas valle a toda la calefacción, mientras otros comparan solo el gasto de dos estancias abiertas frente a la casa entera. Aquí te enseñamos a igualar las bases para poder comparar de verdad. Comprueba si el rendimiento estacional es el adecuado para tus radiadores antiguos o suelo radiante, y asegúrate de que nadie suma las subvenciones como si fueran ahorro anual. Así verás qué propuesta tiene números sólidos.
Por qué el ahorro cambia tanto entre propuestas para una misma vivienda
Cuando te llegan dos presupuestos para la misma casa y uno promete recortar mucho más la factura, no es magia ni trampa: suelen partir de cuentas distintas. Aquí en Ciudad Real, con inviernos que castigan las madrugadas y veranos que aprietan al mediodía, el detalle lo cambia todo. Si una propuesta calcula el consumo incluyendo metros de cueva o cámara que en realidad no se calientan, el ahorro parece mayor del que vas a notar. Y si toma como referencia un pedido de gasóleo hecho cuando el precio estaba por las nubes, parte de una base inflada.
Para comparar sin marearte, revisa estos cuatro datos en cada oferta: el consumo de partida (de dónde sale esa cifra), el precio de cada energía (si incluye o no los términos fijos del contrato), el rendimiento estacional real para el agua de tus radiadores o suelo radiante, y el alcance exacto (qué estancias cubre y si cubre también el agua caliente). En TERMAVIA no ponemos cifras finales; te enseñamos a leer estas cuatro líneas para que veas qué cuenta está bien hecha y cuál depende de supuestos que tu casa no cumple.
Igualar el consumo de partida antes de mirar precios
Antes de comparar el precio de cada propuesta, hay que cuadrar los números del consumo real. Aquí, en Ciudad Real, no vale con multiplicar los metros cuadrados por un coeficiente genérico. Si tu casa es una de esas viviendas de la llanura con cámara cerrada en invierno o una cueva bajo Tomelloso que no se calienta, esa estimación te sale falsa porque infla los metros útiles calefactables.
Para hacer la cuenta bien, coge las facturas de gas natural, los albaranes de los pedidos de gasóleo a domicilio o incluso apunta cuántas bombonas de butano gastas si usas estufas. Con esos datos reconstruyes el calor útil anual. Un litro de gasóleo equivale a unos diez kilovatios hora, pero la caldera vieja solo aprovecha una parte. La factura de luz ya viene desglosada y la de gas natural está en kWh.
Si alguna empresa te manda un presupuesto calculado sobre suposiciones de superficie, pídele que rehaga el número con tus consumos reales. Solo así podrás ver si el ahorro que prometen tiene sentido para tu vivienda concreta.
El precio de la energía que ha supuesto cada empresa instaladora
Al comparar propuestas, fíjate en los números pequeños: el precio del litro de gasóleo que te cobra tu proveedor habitual, el kilovatio hora eléctrico con sus términos fijos incluidos y el coste real de la bombona de butano. En las casas grandes de la llanura o los adosados de Miguelturra, donde se calienta solo una parte de la vivienda, estos precios marcan la diferencia entre un ahorro real y uno inflado. Sustituye siempre los valores genéricos que usan las instaladoras por tus facturas concretas; así verás qué pasa si cambias el gas natural por electricidad o viceversa.
Cuidado con mezclar conceptos. El término fijo del contrato de luz o gas suele olvidarse en las simulaciones rápidas, pero pesa mucho en el bolsillo. Además, recuerda que un litro de gasóleo equivale a unos diez kilovatios hora, mientras que una bombona de 12,5 kilos ronda los 150 kWh. Si la empresa no desglosa estos precios en su oferta, pídeselo. Rehaz la cuenta tú mismo con el precio más alto y el más bajo de los últimos inviernos; si el número sigue compensando, tienes delante una propuesta sólida para Ciudad Real.
Mismo alcance: calefacción, agua caliente y frío en todas las propuestas
Si una propuesta incluye solo calefacción y otra añade agua caliente o frío, no puedes comparar sus cifras de ahorro. Es como medir el consumo de un coche en ciudad frente a otro que hace carretera y montaña: los números no cuadran porque las condiciones son distintas. En la capital, con pisos de gas natural, puede que te ofrezcan sustituir la caldera por bomba de calor solo para radiadores. Sin embargo, en casas del Campo de Montiel o de la llanura con depósito de gasóleo, es habitual que se busque también producir ACS todo el año, aprovechando que en verano el equipo rinde mejor al tener aire templado.
Para que la comparación sea justa, exige a los instaladores que detallen qué servicios cubre cada precio. Pide explícitamente que todas calculen el mismo alcance: si vas a refrescar con fancoils en julio y agosto, asegúrate de que aparezca en el presupuesto de todos; si no, exclúyelo. Revisa siempre cuatro datos clave en cualquier oferta: el consumo de partida (facturas reales), el precio aplicado a cada energía, el rendimiento estacional ajustado a tus emisores y el alcance exacto. Así evitarás sorpresas y verás claramente dónde está la ventaja real de cada opción.
Partidas de obra que tienen que ir separadas en el presupuesto
Al revisar una propuesta de bomba de calor en Ciudad Real, no aceptes un precio global sin desglosar. Lo habitual es que la instalación y la mano de obra oscilen entre 2.500 y 6.000 euros, mientras que el depósito de agua caliente suma entre 800 y 2.000 euros. Esos rangos son orientativos; el coste real depende de si hay que adaptar emisores o retirar la caldera antigua de gasóleo o butano, algo común en las casas de campo con patio.
Pide que la partida del equipo esté separada de la del trabajo humano. Así verás claramente qué incluye el instalador: montaje de la unidad exterior, conexiones hidráulicas, carga de refrigerante y puesta en marcha. La documentación técnica debe ir incluida, pero conviene preguntar si contempla la retirada del sistema anterior, sobre todo si ocupa sitio valioso en el sótano o garaje.
En viviendas grandes de Valdepeñas o Tomelloso, donde a veces se calientan solo estancias concretas, el dimensionado cambia. Exige que especifiquen cada línea. Si falta alguna partida clave, como la adaptación eléctrica, la cifra final subirá tras la visita obligatoria del técnico, que nunca hará TERMAVIA, sino la empresa elegida.
Una tabla sencilla para decidir entre instaladores de la provincia
Cuando te lleguen varias ofertas, no mires solo el número grande. Hazte una tabla con cuatro filas clave: de dónde sacan tu consumo real (facturas o albaranes), qué precio ponen al kilovatio hora, cuál es el rendimiento estacional para tus radiadores y qué incluyen exactamente. En la columna de enfrente, anota lo que dice cada empresa instaladora.
La propuesta más fiable no siempre es la que promete ahorrar más, sino la que puede rellenar esas cuatro celdas con datos concretos de tu casa en Ciudad Real. Si alguien estima tu gasto contando metros cuadrados sin ver si tienes cueva bajo la vivienda o cámara cerrada, se equivoca. Pide que detallen si el presupuesto incluye retirar la caldera vieja y separa la mano de obra del equipo.
Fíjate en el plazo de ejecución y en si desglosan el depósito de acumulación, que suele ir entre 800 y 2.000 euros aparte. Una oferta vaga es difícil de comparar; una completa, aunque sea cara, te deja claro qué estás pagando y cómo calculan el ahorro futuro.